domingo, 14 de marzo de 2021

Historia de Jerez (MS., Tomás Molero, 1786, XI)

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 et bastante.

Que la dicha Ciudad, Alcaldes mayores, Alguacil mayor, Veinte y quatros, Jurados, Rexidores y Cavalleros, Escuderos, fidalgos de ella que fueren y han de hacer desde luego Pleito omenage en forma devida, y dar rehenes a dichos Señores. Que luego que la dicha confirmación fuere venida del dicho Señor Rey don Alonso, luego en el mesmo dia que la dieren a la Ciudad, recevirá por su Rey al dicho don Alonso como verdadero heredero y sucesor de estos Reynos y alzarán Pendones; y Nos los dichos Duque de Medina y Conde de Arcos, por virtud del Poder que del dicho Señor Rey don Alonso tenemos, otorgamos, prometemos e Juramos a Dios y Santa María y a todos los Santos Evangelios do quier que están, e facemos Pleito Omenaje como Ricos Omes e Cavalleros fidalgos, según fuero e costumbre de España una, dos y tres veces en manos de Pedro de Gallegos, Cavallero fidalgo, que tendremos e cumpliremos e faremos todo lo contenido en esta Escritura sin otra cautela ni simulación alguna, so las penas en que caen los Cavalleros fidalgos que quebrantan juramento o pleito omenaje, y por firmeza de lo qual firmamos esta Escritura de nuestros nombres, y mandamos sellar y otorgamos ante el escrivano público y testigos yusoescritos, que fue otorgada en la Villa de Rota, Villa de mi el dicho Conde de Arcos en doze de enero del nacimiento de nuestro Señor Jesuchristo [de] mil quatrocientos sesenta y seis años. Testigos que fueron presentes a todo lo susodicho Antonio González de Almonte, Veinte

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y quatro, Juez executor de la Ciudad de Sevilla; el Doctor Juan Rodríguez; el Alcalde de Medina, Criados del dicho Señor Duque; el Bachiller Diego de las Doblas, Vecino de la Ciudad de Xerez = El Duque = El Conde. Y yo, don Juan de Ezija, Escrivano de la Cámara del dicho Señor Rey e su notario Público en la Corte y en todos sus Reynos y Señoríos, fuy presente en uno con los dichos testigos a todo lo que dicho es. Y leí y concerté esta escritura con la dicha Carta del dicho Señor Rey, donde fue Sacada, y a ruego y otorgamiento de los dichos Señores Duque y Conde, que en mi presencia aquí firmaron sus nombres y la Sellaron con sus sellos, la fice escribir e fize en ella mi Signo e so Testigo= Juan de Ezija, Escrivano de Cámara del Rey.

La Ciudad otorgó la misma Escritura hizo Pleito omenaje en Catorce de Enero. Entregaronse los rehenes y a fin de Marzo del mismo año, cumplido el término, Vinieron a Xerez don Alonso de Guzmán, hermano del Duque, y don Alonso Pérez, hermano del Conde, con carta del Ynfante don Alonso, en que confirmava todos sus privilegios y la dicha Escriptura. La que vista por la Ciudad levantó su Pendón en la forma Capitulada.

Del contexto de las expresadas Capitulaciones se evidencia el temor y rezelo que con tanta razón tendrían los Xerezanos por haver resistido eficazmente el que se jurase por el Rey a don Alonso, siendo el verdadero y lexitimo su hermano don Enrrique. Era regular que para evitar que el nuevo Rey resentido de los efectos de su Real proceder, tal vez derogase sus privilegios e inmunidades, pretendieran

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antes de jurarlo, asegurarse con la Escritura y Capitulaciones expresadas; en lo mismo que manifestó los justos dictámenes de su verdadera lealtad, la que después más bien se verificó apenas pasaron dos años de este hecho, por haber muerto el citado Rey don Alonso.

Con este motivo, pareciendole a la Ynfanta Dª Ysabel, hermana del Difunto Rey y del Señor don Enrrique, que por lexitima sucesión era la Heredera del Reyno, escrivió dos Cartas a la Ciudad de Xerez, una en ocho y otra en Veinte y tres de Julio del año de mil quatrocientos sesenta y ocho, nombrándose Reyna, e igualmente el Conde de Arcos, y Duque de Medina, y la Ciudad de Sevilla, y Córdova, para que mandasen sus Procuradores a efecto de que la juraran por Reyna. Pero la Ciudad, no aceptando esta convocatoria, respondió que el asumpto era muy arduo, viviendo el señor don Enrrique; y parece que solo esta respuesta de Xerez contuvo la determinación de las demás Ciudades; pues trataron de convenio con la Ynfanta; en el qual se declaró y juró ser la succesión del Rey, y asimismo su Casamiento con don Pedro Girón, quien por haver muerto en el camino no tubo efecto este tratado. Mas habiendo pedido perdón la Ynfanta a su hermano don Enrrique, cesaron los disgustos y ruido de las Armas. Pasó después a Córdova el Señor don Enrrique, a donde mandó Xerez sus diputados a vesarle la mano, y en esta ocasión confirmó a la Ciudad todos sus privilegios; por lo que en vista de semejantes acontecimientos no se pueden desear

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Testimonios más auténticos de su firme y generosa lealtad; pues sin temor de los peligros a que exponía, como antes había experimentado, no condescendía como Sevilla y Córdova a reconocer por Reyna a la Ynfanta Dª Ysabel, y dándose el Rey por satisfecho de su leal proceder le confirmó sus privilegios, como va expresado. Cuyos antecedentes manifiestan con la mayor claridad que el haver jurado a don Alonso, hermano del Señor don Enrrique, Coartados de la opresión y violencia, no puede deslustrar en un ápice su generosa y firme lealtad: y si de ésta es tan hijo el valor y vrioso esfuerzo con que se manejan las Armas, debe ser el asumpto del Punto que se sigue, tratar de los Triunfos que con ellas consiguieron por la Mar y por la tierra.

Punto Undécimo: Triumphos de las Armas de esta Ciudad por Mar, y Tierra.

Campo muy dilatado se presenta en este punto, si por menor se hubieran de referir todas las Victorias y Triunphos de las Armas Xerezanas assi por tierra, como por la mar; pero por no hacer esta Historia demasiadamente prolixa solo se referirán las más notables y gloriosas, en atención a que por la Uña se conoze al León. Demos principio por las Batallas Navales; mas esto supone que la Ciudad de Xerez tenía su propia Armada; y quien lo podrá

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dudar?. En el año de mil quatrocientos y diez hizo la Ciudad Ordenanzas particulares para su Marina, siendo Capitán de sus Naves Alvar Núñez, su Cavallero Patricio, gozando sus Capitanes y Pilotos de ciertos Privilegios y franquezas, según Consta de Carta del Almirante de Castilla, fecha del año de Mil quatrocientos y ochenta y nueve, en que se mandava que a los expresados se les guardasen todos los Privilegios, y el Sobre-Escrito de la dicha Carta decía: A mis Parientes, Señores, y singulares Amigos los Veinte y quatros de Xerez de la Frontera.

El ya citado año de mil quatrocientos y diez con el motivo de infestar nuestras Costas los Berberiscos, persiguiendo nuestras Embarcaciones, o haciendo desembarcos en ellas, y causando los mayores perjuicios, salió la Armada Xerezana de la Ensenada de Puerto Real, que era donde tenía su fondeadero, y unida con la del Rey los auyentaron; y después fueron a sitiar a Tetuán, que sin embargo de ser una de las Plazas más fuertes del África, la rindieron y entregaron los Moros, siendo preciso que los nuestros la demolieran por lo dificultoso que era poderla conservar, la que se mantuvo en esta situación, hasta que los Moros expulsos de Granada la volvieron a reedificar. Esta misma Armada, en que iba de Capitán de los Bajeles de Xerez Albar Núñez Cabeza de Baca, y de los del Rey Mosén Rubín Bracamonte, fue destinada después para impedir los Socorros que del África le manadavan al Rey Moro de Granada

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y con este motivo se les ofreció un combate muy porfiado y reñido, en el que triunfando nuestra Armada de sus Enemigos les apresaron Ocho Galeras, y echaron a pique doze; y aquí se debe notar que una de las presas se dio a Cádiz para ayuda de la Fábrica de su Santa Yglesia, como también que el año de mil quatrocientos ochenta y tres se dio principio a la fundación de Puerto Real, para la mayor defensa de la Armada de Xerez, por estar en aquella Ensenada su fondeadero como se ha expresado. Cuya Marina reportava con tanto honor que habiendo determinado el Rey la guerra contra el Reyno de Granada el año de mil quatrocientos treinta y uno pidió a Xerez quatrocientos Ginetes y setecientos Peones, con más quinientos remeros para las Galeras,  habiendolo todo franqueado, añadiendo además de Ciento y cinquenta Cavalleros; Más de Dosmil y trescientas fanegas de pan; Dosmil y trescientas de Cevada; Dosmil y treinta arrovas de Vino; y Trescientas Vacas para mantener el Exército; en quanto a mandar los Remeros para las Galeras respondió la Ciudad no poder servir en esto a S.M. por ser la gente de Xerez muy pundunorosa para servir en semejante destino.

Ygual esfuerzo, valor y vizarría manifestaron en todas las ocasiones que se ofrecieron en las reñidas Batallas que por tierra tubieron con los Moros las que ahora se van a referir, según el orden de los años en que sucedieron. En el supuesto de las que ya quedan referidas del tiempo de la Conquista deve ser la primera

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la que en el año de mil doscientos noventa y uno se dio enfrente de Tarifa, a la presencia del Rey don Sancho el Quarto, quien no determinandose a dar aquella Batalla después de estar todo prevenido, en atención a que el Exército de los Enemigos era numerosissimo y muy superior al de los Christianos. Llegó al tiempo de esta innacción el Gran Garci Pérez de Burgos, que esforzado de su valor invicto e impaciente de aquella suspensión, levantó su voz, animó a todo el Exército diciendo: Santiago a ellos de Rondón, y siendo el primero que acometió, le siguió el Exército causando tal estrago en los Moros que por haber muerto en la batalla sus principales Gefes y Capitanes, fue causa de que se hubiera Conquistado Tarifa a poca diligencia el siguiente año. En esta ocasión fue quando agradecido a varón tan invicto y esforzado, sin embargo de que era Cavallero notorio de la gran Casa de los Sarmientos, quiso hacerlo Cavallero particular dandole Armas propias y un Privilegio rodado de nobleza, y muy especiales escepciones para él y quantos vinieran de él, assi varones como hembras, lo que es notorio y consta por las varias ejecutorias que existen en Xerez y se han estendido por otras Ciudades y Pueblos.

Después de la Célebre conquista de la Ciudad de Tarifa, muerto el Rey don Sancho el Quarto en quince de Abril de mil doscientos noventa y cinco, su hijo el Señor don Fernando Quarto que ya había salido de la Pupilar edad, envió a el

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Ynfante don Pedro a Andalucía, en donde dispuso ir a tomar el Fuerte Castillo de Tempul con la Cavalleria y gente de Xerez, y habiendo conseguido esta empresa, luego que el Rey tubo la noticia de este feliz suceso, bino con su Exército a Xerez, cuya Ciudad en esta ocasión la hizo Plaza de Armas en la que dispuso poner sitio a las Algeciras, no quedando Xerezano que no fuera a servir en Cerco tan prolongado; y quedandose el Rey en Xerez, mandó assimismo a don Alonso Pérez de Guzmán y al Arzobispo de Sevilla a sitiar y tomar a Gibraltar, cuya Plaza no la tenían los Moros bien guarnecida, porque creyeron que los Christianos nada proyectarían contra ella, en vista de estar empeñados en el cerco de las Algeciras; pero habiendola asaltado con los Xerezanos por la Torre que desde entonces llaman de don Alonso, obligaron a los Moros a entregarla el año de mil trecientos y nueve. Pero como por este tiempo se iba acercando la intemperie del Ynvierno, que en aquel campo es tan cruda, determinó el Rey levantar el sitio de las Algeciras, haciendo Treguas muy honrrosas con los Moros, los que de resultas entregaron las Villas de Queguada y Belmar, y quarenta mil Escudos por los Gastos causados en la guerra. Los Privilegios que en esta ocasión dio el Rey a a Ciudad se anotarán en el punto que se trate de ellos.

Después de estos felices sucesos murió el expresado Señor don Fernando Quarto, dejando a su hijo don Alonso Undécimo

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en la Pupilar edad, y por su tutor a el Ynfante don Pedro, quien a poco tiempo vino a Sevilla e inmediatamente le envió a Xerez sus Diputados, quienes le hizo presente era preciso que se dispusiera la gente de esta Ciudad para la guerra; porque el Rey Moro de Granada, a quien el de Marruecos Abenjuzef había cedido las Algeciras después de su último cerco de Tarifa, no queriendolas conservar en su dominio se las debolvió. Pero habiendose esparcido la voz de que el nuebo actual Rey de Marruecos venía con un Exército poderoso no solo a tomar posesión de las Algeciras, sino también a correr la tierra y recuperar si podía a Gibraltar; con el motivo de no haberse verificado esto, por entonces el Ynfante don Pedro dejó en Xerez su Pendón y gente y se retiró a Córdova el año de Mil trescientos diez y siete.

Luego que supo el nuevo Rey de las Algeciras la retirada del Ynfante con un Exército poderoso, a el que se unió una gran partida de Moros de la Serranía de Ronda, entraron en los términos de Xerez robando y talando sus Campos y llebando un gran botín. Pero a este tiempo saliendo los Xerezanos a la defensa les dieron la memorable y gloriosa Batalla llamada de Majazeyte por haberse dado junto al Río conocido por este nombre; esta Victoria aunque por algún tiempo estubo indecisa, al fin se declaró por los Xerezanos, los quales tubieron la gloria de haber hecho prisionero

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al nuevo Rey de Algeciras, a el que no quisieron dar livertad sin embargo del mucho oro y plata que les ofrecieron, estimando en mucho más el honor de presentar a su Soberano una persona Real prisionera, como en efecto assi lo practicaron después de haber llegado a Xerez Victoriosos; cuya acción y vista fue para nuestro Rey de la mayor complacencia. Refieren esta Victoria el Padre Roa, Padilla, Castillo, Espínola y don Pedro Colón, asignando su fecha el año de Mil trescientos y catorce, y que el nombre del Rey prisionero era Abenzaja.

A los cinco años después de conseguido este triunfo, que fue el de mil trescientos diez y nueve, los Señores Ynfantes don Pedro y don Juan salieron a correr y talar los Campos de Granada hasta llegar muy cerca de sus murallas, pero a la retirada que hicieron llevandose un gran botín, iba en la Retaguardia el Ynfante don Juan sobre la qual acometieron los Moros con tan grande ímpetu que desordenada su gente, vino el Ynfante don Pedro a socorrerlo. Y con este motivo fue tan grande la fatiga y trabajo que tubo para poner en orden a los dispersos, y tan continuados los esfuerzos y clamores de su voz, que encendida su sangre y sofocado de ella aquella misma noche espiró. Siendo esta pesadumbre tan vehemente y cruel para su hermano don Juan, que oprimido de su violencia a pocas horas después también le quitó la vida.

En vista pues de tan triste situación, hallándose sin Caudillo los Christianos, se convinieron las Ciudades de Sevilla, Córdova, Ezija y Jaén de Mantenerse unidas sin admitir Governador

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que no fuese del gusto de todas. Y con este motivo se hicieron paces con el Rey de Granada, en tanto que se declarava Tutor lexitimo del Rey Pupilo. Pero haviendose abanderizado Córdova con la mayor parte de sus vecinos, llamaron a don Juan Manuel y le admitieron por su governador, de lo que sentidas las demás Ciudades suplicaron a la Reyna les mandase por Governador al Señor Ynfante don Felipe, en lo que condescendió. Y habiendo dicho Señor Ynfante tomado la posesión de su Empleo, ratificó las pazes que se habían hecho con el Rey de Granada, excluyendo de ellas a los de Córdova, pero como a este tiempo ocurrió la muerte de la Reyna en el año de Mil trescientos y veinte y dos, se suscitaron de nuevo las inquietudes del Reyno, con cuyo motivo se levantó con Sevilla Alonso Sufretenorio su Alcayde, quien luego desterró a todos los del partido del Ynfante don Phelipe. Y estando el Reyno hecho un Teatro de Tragedias aprovechándose de esta ocasión un Príncipe Moro, cuyo nombre no se pudo saber, vino con un Exército de Setenta mil Convatientes, con el que después de robadas las Campiñas de Arcos, y Lebrija, pasó el Río Guadalete, y sentó su Real junto a la Laguna de Medina desde Martelilla, hasta el Río una legua de Xerez, corriendo desde allí el Campo hasta las puertas de la Ciudad, a la que habiendo emviado el Rey que ya había salido de la Pupilar edad por Adelantado de la Frontera a don Juan Manuel el año que era de mil trescientos veinte y cinco el dicho don Juan se había retirado a Murcia dejando

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en su lugar por Alcayde a Simón de los Cameros el mismo que fue a Sevilla a pedir socorro para poder resistir tan poderoso Exército. Pero el no haberlo executado y por otra parte haber mandado el Rey se le quitase la vida el año de mil trescientos y veinte y seis, da a entender que no se portó con la devida fidelidad. En esta crítica situación temiendo los Xerezanos no poder sufrir un Sitio formal en que se vieran estrechados por hambre porque a la sazón no tenían bastimentos suficientes para sostener un dilatado asedio, determinaron salir todos una noche, y para efectuarlo se balieron del ardid y estratagema de Juntar quantos Potros sin domar y bestias cerreras pudieron con una buena porción de Cueros crudos, y a las ocho de la noche salieron por la puerta llamada del marmolejo, y al presente del Real, en cuyo Muro había colocada una Ymagen de María Santissima con su hijo en los brazos a quien se encomendaron ferborosos pidiendole el remedio en semejante Conflicto. Y determinados a morir o vencer con el silencio posible pasaron el Río Guadalete sin ser sentidos de los Enemigos; y tomando el Camino de Bejer, para dejar esta Villa por la Espalda cerca de Medina, a las tres horas de haver salido de la Ciudad llegaron a ella Seiscentos Cavalleros y diez mil hombres de Córdova que saviendo el apuro en que estava Xerez venían a socorrerla. Mas habiendo visto el arrojo de los Xerezanos tomaron una Guia y fueron en su busca para ayudarlos. Llegaron pues al romper del Alba, que fue la hora en que los de Xerez con grande algazara

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y vozería, habiendo soltado los Potros y Bestias Cerriles con los Cueros atados a las Colas y con el ruido estrepitoso de atabales y Trompetas asombradas las Bestias, y por otra parte buscando su querencia hacia la Ciudad, entraron en el Real de los Moros, que descuidados y desconcertados dando en ellos los Xerezanos y Cordoveses hicieron tan gran mortandad que por ela se le llamó a aquel sitio, y aún en el dia es conocido, por la Matanza, y habiendose retirado huyendo algunos Moros y escondídose junto a unos arroyos los Cordoveses y Xerezanos, los siguieron matando a muchos y aprisionando a los demás por cuya razón llamaron a aquel Sitio la Matanzuela. En cuya refriega quedaron muertos en el Campo treinta mil Moros en una y otra batalla, que en Arábigo llamaban ellos Margarigut.

De resulta de esta Victoria se les tomó la Aldea nombrada de Pedro Gallego, y abrazandose los Xerezanos y Cordoveses se dieron la enorabuena alavando los unos el valor de los otros, y desde entonces establecieron entre las dos Ciudades una permanente y sincera hermandad, que sin novedad hasta oy continua. Llenos de despojos entraron victoriosos en la Ciudad dando la derecha al Pendón de Córdova, y formados en Procesión fueron como es de creer a la Real Colegial de San Salvador a dar a Dios las gracias por tan completa Victoria. Después de haber descansado quatro dias los Cavalleros Cordoveses y de ser tratados con la mayor urbanidad por los de Xerez a la retirada

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los fueron acompañando una legua hasta Caulina, en cuyo sitio los Xerezanos tenían los Moros Cautivos, Armas y Cavallos adquiridos en la Victoria para que los llevasen por memoria y Trofeos de ella, quienes habiendose escusado atentamente sedieron por fin a la generosa expresión de los de Xerez, y despedidos cortesmente se retiraron a su Patria. Para memoria de la gracia recivida por la intercesión de María Santissima a quien se habían encomenado al salir a la batalla le labró la Ciudad en acción de gracias la Capilla que existe entre la Puerta del Real y el Muro, colocando en ella a su Sagrada Ymagen con el título de los Remedios, y poniendo en él otra pintura para recuerdo de tan grande veneficio.

Pasados después nuebe años de lo referido que fue el de mil trescientos treinta y nuebe, el Ynfante Abomelic, hijo del Rey de Marruecos a quien su Padre había nombrado por Rey de las Algeciras, y el que era comunmente conocido por el Ynfante Tuerto, vino con un Exército poderoso corriendo y haciendo mucho estrago por los Campos de San Lucar, Rota y Puerto de Santa María, y llegando al Vado de Medina, donde oy está el Puente y Molinos de Xerez, sentó su Campo a las Riveras del Guadalete en los llanos que se llaman de Layna y su Tienda en un Cerro alto, que desde entonces es conocido por la Caveza del Real. Hacía diversas corridas no solo hasta las puertas de la Ciudad, sino también por los Campos de Arcos, Lebrija,

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Utrera y Sevilla, hasta que juntas las gentes de estas Ciudades y Villas los hicieron retirar a su acampamento. Desde este no cesaban de causar gravissimos perjuicios y daños a los de Xerez, quienes apurados y no pudiendo sufrir con indiferencia tantas vejaciones, determinaron salir una noche a morir o vencer que era como regularmente se explicaban. En fuerza de esta determinación Diego Fernández Herrera, que estava bien instruido en el idioma Arábigo propuso que él, vestido a la Moruna se introduciría en el acampamento de los Moros, y sin ser conocido se acercaría a la Tienda del Ynfante y le daría muerte al tiempo de envestir a los Xerezanos; de cuya empresa esperava en Dios saldria con felicidad respecto que por este medio viendose los Moros sin su General se auyentaría aquel Exército de sus Campos.

En efecto, el esforzado Diego Fernández de Herrera salió aquella noche como la había propuesto, y pasando el Salado por el lado que llaman el Testudo, cerca de la Caveza del Real, cuyo sitio se llama oy el Baladejo a donde estava inmediata la Tienda del Ynfante, soprendido este de la vozería y ruido que se escuchaba quando acometieron los Xerezanos a los Moros, al salir de su Tienda Diego Fernández le atravesó el pecho con su lanza con cuya muerte, confusos y desconcertados los Moros, cargando sobre ellos los Xerezanos les mataron más de Treinta mil, y puestos en fuga los demás se logró una completa Victoria

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sin embargo de haber sido a costa de la vida del expresado Diego Fernández que erido en la refriega a pocos dias murió en honor de su Rey, de su Patria y de su Ylustre familia. Cuyo Cadáver fue Sepultado con la mayor decencia en la Parrochia de San Dionisio, según que todo consta de la Real Executoria que se conserva en su familia, para recuerdo de esta feliz Victoria en que aina quedó Moro con vida, se erigió en aquel Sitio la hermita de Nuestra Señora con el título de Layna el año de mil trescientos treinta y nueve, a cuyo Patrocinio se habían encomendado los valerosos Xerezanos.

Assimismo con este motivo hizo la Ciudad acuerdo, para que en la Plaza del Arenal en las Casas del Corregidor se pintara esta victoria en cuerpos grandes, y que cuando fuera necesario se renovase esta pintura, para que siempre permaneciera la memoria de una acción tan ilustre, de la que haciendo recuerdo el Padre Rayón dice que en ella se manifestava a Diego Fernández Herrera dando muerte a el Ynfante Abomelic, y al Obispo de Mondoñedo que entonces era frontero de Xerez destruyendo el Real de los Enemigos. Todo lo que consta assi de los Padres Rayón y Roa, como de los manuscritos de Xerez en los términos expresados de la Real Executoria de los Herreras y de los libros de acuerdos de la dicha Ciudad.

Hecho cargo el Rey de los muchos Xerezanos que habían muerto en la Batalla referida, y por otra parte lo irritado que estaría el Rey de Marruecos con la pérdida de su hijo, mandó que

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con los Diez mil Cavallos de su Mesnada Real, viniese a Xerez de Maestre de Alcantara para que estubieran prevenidos en el caso de algún nuevo atentado de los Moros. Pero en esta ocasión hallandose el Rey mal servido del expresado Maestro de Alcántara lo mandó llamar, quien no atreviendose a estar en su presencia, se retiró a Morón, uno de los lugares de su Orden. No se les ocultó a los Moros esta novedad, y pareciendoles que no había Caudillo en estas Fronteras, vinieron en gran número a robar los Campos de Xerez, cuya noticia luego que se tubo en la Ciudad, determinaron sus Alcaldes salir con ellos los Cavalleros de la Mesnada Real. Tal vez por no ser Patricios les obligaron a hacer juramento y pleyto omenaje de bolver con el Pendón a Xerez o perder la vida en su defensa como si lo executaran por la Persona Real; lo que assi efectuado, salieron todos con él, y a pocas horas de Camino se encontraron con la gente de Medina y Arcos, quienes por estar más adelantadas dieron con los Moros, y se havía ya principiado la Batalla en la que entrando de refuerzo, sin temor alguno, los Xerezanos, después de haberles muerto Dos mil hombres, les quitaron la presa que llevaban y huyeron precipitados los que quedaron, a cuya Batalla la llamaron desde entonces la de Redira.

A este mismo tiempo Alboacén, Rey de Marruecos, determinado a vengarse de la muerte de su hijo el Ynfante Abomelic

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y con el ánimo de conquistar toda España, fue disponiendo un Exército tan numeroso que en cinco meses contínuos no cesó de hacer pasar Cavallería y gente hasta el número de Ochenta mil Cavallos y quatrocientos mil Ynfantes, según lo aseguran varios acreditados historiadores. Por lo que el Rey don Alonso Undécimo, deseando contrarrestar tan crecidas fuerzas, impetró del Papa Benedicto Undécimo Bula para establecer la Cruzada, solicitando assimismo socorro de la República de Génova, del Reyno de Aragón y Portugal, viniendo en persona a Xerez a dar con más inmediación las providencias conducentes para la defensa. En esta ocasión assistió a los oficios de Semana Santa en la Yglesia Colegial, con la mayor edificación, implorando el Divino auxilio contra los Enemigos de Dios, quienes dieron principio a las hostilidades poniendo sitio a Tarifa.

Para esta grande empresa vino en persona el Rey de Portugal a socorrer a el nuestro, y su gente con la nuestra Compañía solamente el número de Catorce mil hombres, Cortissimo número para hacer frente a un Exército tan numeroso de Enemigos. Pero confiados en el Estandarte de la Cruz que como legado del Papa trajo el Arzobispo de Toledo don Gil de Albornoz, quien según Padilla también se halló en la Batalla, los acometieron con el mayor valor el día Veinte y ocho de Octubre en el sitio llamado del Salado, con tanta felicidad que en la dicha refriega murieron Doscientos mil Moros, quedando muchos prisioneros y fugitivos los demás, que

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con su Rey Alboacén se retiraron a Gibraltar en donde se embarcaron aquella noche para el África, y habiendo pasado lista de su gente encontró que le faltavan Quatrocientos mil hombres según lo refiere Espinosa ([1]) y la Historia del Rey don Alonso ([2]) en la que igualmente se expresa que el mismo Rey levantó el Pendón de la Santa Cruz que como Triunfador de tanta multitud de Agarenos con muchos despojos lo devolvió al Sumo Pontífice, quien lleno de gozo y complacencia entonó con la mayor devoción el Verso de Hymno Veexila Regis Prodeunt, cuyo piadoso acto confirma que aquel era el Pendón de la Cruzada que para semejantes ocasiones conceden los Sumos Pontífices a quienes después de lograda la empresa se le debuelve.

Con esta memorable función no tubieron los Xerezanos la menor gloria, pues su Capitán Alonso Fernández de Villavicencio y su Alférez Alonso Fernández de Valdespino, quienes se hallaban inmediatos a la gente de Lorca, les dixeron: Ea Cavalleros, hoy es el dia que la suerte nos destina para emprender una de las mayores azañas, y estando en lo más recio del Convate, observaron que en medio de la Hueste Enemiga estaba enarbolado el Pendón de Benamarín o del Rey Alboacén. El Capitán de Xerez dijo a los de Lorca y su gente: ca Cavalleros llegó la ocasión, rompamos por medio y vamos a tomar el Pendón Enemigo, y poniendolo en ejecución rompieron con el mayor ímpetu y valor por medio de la Morisma, desvaratando sus Esquadrones, llegando los Xerezanos a derribar el Pendón, el que asido del Asta por Juan

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de Guerra, Cavallero de Lorca, y por la Tela los de Xerez, cada uno pretendía traerlo por Trofeo, pero al fin se avinieron en que después de concluida la Batalla lo llevase quien el Rey dispusiera. Y en efecto, luego que supo el Rey tan valerosa acción, y después de haberla celebrado mucho, dispuso que el Asta la llevasen los de Lorca, quienes la conservan engastada en plata y la manifiestan en sus principales funciones; y que los de Xerez llevasen la Tela, que según el Padre Rayón era morada y muy rica, y hacía tornasoles parecidas a las plumas de la Cola del Gallo.

El Padre Martín de Roa ([3]) hace memoria de este memorable Pendón, ganado en esta Batalla en el expresado día Veinte y ocho de Octubre del año de Mil trescientos y quarenta, y este hecho lo refiere en estos términos. En la Batalla del Salado de Tarifa, tan celebrada, los de Xerez y Lorca ganaron igualmente el Pendón de los Moros, el qual mandó sortear el Rey entre las dos Ciudades. Cupo a Lorca la parte de el asta, y a Xerez las Alas, que según dicen eran labradas a punto de aguja, todas de Oro y Seda, a quien el vulgo llamó rabo de Gallo; y fue tan feliz y venturoso que siempre salió vencedor, de modo que con él le parecía a la gente de Guerra que iban seguros a las empresas que tan frequentemente se emprendían contra los Moros. Se gastó y consumió este Pendón, y en su lugar se hizo otro labrado en Venecia el año de Mil quatrocientos y setenta, como consta de un acuerdo en los libros de la Ciudad, y es el que sacan en Público cada año el dia de San Dionisio, Patrón de Xerez, en cuyo día se recobró segunda vez de los Moros.



[1] Espinosa, lib. 5, Cap. 4, fol. 48.

[2] Cap. 251.

[3] Roa, Cap. 7