-

-

lunes, 17 de julio de 2017

Una niña antifranquista de Jerez escribió en mayo de 1938: "Viva Azaña, muera Franco"

[18 de julio: Día contra la dictadura franquista]

Mucha gente ha olvidado ya, porque así lo ha querido la llamada Transición, que el franquismo planeó y ejecutó formas de represión social diversas, constantes e integrales. Es decir, que el franquismo no solo fusiló sin piedad a todos sus opositores esparciendo sus cuerpos por fosas y cunetas todavía de ubicación desconocidas, sino que mató la mente y las emociones y los sueños de millones de seres que por la gracia de Dios quedaron militarizados y fascistizados. Algunos parlamentarios europeos, en un conocido texto de hace unos diez años atrás, escribieron respecto a la descomunal represión puesta en marcha por Franco y sus secuaces: “la represión ejercida por el régimen franquista reposaba en gran parte sobre la complicidad y el sostén de los “españoles ordinarios”. Decenas de miles de personas respondieron a las exhortaciones del régimen por convicción política, en razón de prejuicios sociales, por oportunismo o simplemente por miedo. Denunciaron a vecinos, conocidos o incluso miembros de su familia; ni siquiera era necesario corroborar las acusaciones pues no era exigida la menor prueba”.

La más principal forma de represión, o el marco de ella, fue, en mi opinión, el acallamiento de cualquier principio de libertad intelectual en base a una especie de fascismo divino por el cual Franco era el representante de Dios en España y que, como consecuencia de ello, cualquier persona no fiel al Caudillo podía y debía ser apartada, denigrada, encarcelada, confiscados sus bienes, torturada, asesinada, depurada, investigada, etc. Enfrentarse, o siquiera dudar del régimen y sus prebostes, era enfrentarse a Dios. Y como consecuencia de este principio político-teológico alguien, fuera quien fuera, dijera lo que dijera, tuviera la edad que tuviera e hiciera lo que hiciera podía sufrir el tribunal de la inquisición franquista, en realidad un estado de purga permanente durante 40 férreos  años, con todas las consecuencias. Y este fue el no anecdótico caso, en Jerez, en mayo de 1938, de una niña jerezana de 15 años llamada Dolores Sánchez, que aquí ofrecemos sucintamente expuesto.

Afortunadamente, se conservan en el expediente nº 26893 del Archivo Municipal de Jerez unos oficios que hablan de la instrucción de un consejo de guerra (causa nº 11/1938), en Cádiz, contra Dolores Sánchez Sánchez. El negociado de Vigilancia del Ayuntamiento de Jerez remitió un informe al Sr. Capitán Juez Instructor de la Auditoría del Ejército del Sur, Consejo Permanente de Cádiz, donde le decía exactamente: “que según antecedentes adquiridos y que obran en las dependencias de mi cargo, Dolores Sánchez Sánchez, de 15 años, soltera, hija de Antonio y Ana, de esta naturaleza y vecindad, con domicilio en el paso a nivel de Montana de este término, no aparece hasta la fecha con más antecedentes político-sociales y conducta que la detención de dicha individua por fuerza de este Instituto en 31 de mayo del año en curso por escribir una carta y poner en el sobre “Viva Azaña y muera Franco, y viva Azaña aunque me maten”, encontrándose actualmente detenida en la Cárcel del Partido a disposición de la Autoridad Militar. Dios guarde a V.S. muchos años. Jerez 4 de julio de 1938. II Año Triunfal. El Capitán Federico Montero. Rubricado”. Es decir, en el momento en que se redactó ese oficio, procedente a su vez de la Guardia Civil, la niña llevaba en prisión un mes y cinco días.

No conozco el expediente de ese consejo de guerra, ni si se conserva, pero con la información que acabo de transcribir, y sabiendo que a los padres de Dolores Sánchez se les investigó inmediatamente y no se hallaron antecedentes políticos de ningún tipo, uno deduce que la conciencia de aquella niña al régimen debió ser clara e intensa. Se atrevió a escribir, en el sobre de una carta dirigida a su hermana Isabel, “Viva Azaña aunque me maten”. Y lo hizo en mayo de 1938, cuando ya debía conocer de algún modo la sangría que el comandante Arizón había organizado en Jerez.

El historiador José Luis Gutiérrez Molina, en su libro La justicia del terror. Los consejos de guerra sumarísimos de urgencia de 1937 en Cádiz, narra más de mil casos de juicios políticos (instruidos en unos 450 causas), para el año 1937, en donde se puede constatar la clase de estado de continua amenaza y persecución judicial en que se hallaba gran parte de la población, totalmente a expensas de las nuevas autoridades militares golpistas.

Esta niña, que de algún modo, salvando las distancias, evoca el caso de Ana Frank, debería ser recordada en Jerez por su valentía, debería tener un nombre de una calle, por ejemplo la que ahora todavía se llama “Paz Varela” y que va desde la Plaza del Caballo hasta el recinto ferial. Jerez debería quitar esa peligrosa mención al funesto comandante Paz Varela y dedicarle esa calle a la joven jerezana que le enseñó al régimen fascista vencedor que no logró sembrar el miedo en su corazón.

La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, hace ya unos diez años atrás, denunció las gravísimas violaciones de derechos humanos cometidas por el régimen franquista en España y pidió que el 18 de julio fuera considerado “Día oficial de condena de la dictadura”. En el texto aprobado por esa asamblea se decía respecto a los niños que el régimen reprimió: “El régimen franquista invocaba la “protección de menores” pero la idea que aplicaba de esta protección no se distinguía de un régimen punitivo. Los niños debían expiar activamente los “pecados de su padre” y se les repetía que ellos también eran irrecuperables. Frecuentemente, eran separados de las demás categorías de niños internados en las instituciones del Estado y sometidos a malos tratos físicos y psicológicos”.


Por todo ello, ahora Dolores Sánchez Sánchez merece que Jerez repare su memoria, le reconozca el enorme valor que tuvo a enfrentarse a un consejo de guerra y la recuerde siempre como un ejemplo a seguir en lo que se refiere a la defensa de los valores democráticos en los que se supone que esta sociedad se fundamenta.