jueves, 23 de abril de 2020

Libros en la IIª República, cultura frente a fascismo.




    El historiador, especializado en memoria histórica, Fernando Romero Romero, acaba de ser entrevistado en el Diario Público acerca del proyecto cultural bibliotecario en Prado Libre (prado del Rey, Cádiz) en tiempos de la IIª República:
La biblioteca revolucionaria de Prado del Rey que la represión aniquiló en 1936https://www.publico.es/sociedad/biblioteca-revolucionaria-prado-rey-represion-aniquilo-1936.html


   Por su parte, el historiador José García Cabrera acaba de publicar en La Voz del Sur un artículo sobre el mundo del libro en la IIª República en el marco de Jerez, donde a tantos maestros promotores de la lectura asesinaron los golpistas:
La II República y la promoción de la lectura: La Biblioteca Circulante de la Agrupación de Editores Españoles visita Jerez en 1935
   También Cristóbal Orellana publicó hace unos años un breve artículo titulado:
Fiesta del Libro en la Plaza de la República (Jerez, 1935)

Recordemos que los golpistas no solo mataron a muchos sindicalistas y militantes de izquierdas de Jerez, sino que también quemaron sus libros, intentando así aniquilar los proyectos culturales de progreso social y el núcleo central de aquellas ideologías antifascistas: liberarse por fin del oscurantismo español de teocracia y latifundismo. Veamos una síntesis de todo esto en la conocida obra de Diego Caro sobre la II República en Jerez:



Un espléndido vídeo sobre los proyectos bibliotecarios de la IIª República:



miércoles, 22 de abril de 2020

Una novela sobre el Jerez musulmán del s. XIII, de Juan Pulido.

"La novela narra el discurrir de la vida de los Banu Quzman en tiempos de guerra y exilio, enmarcando la trama de sus miembros en los acontecimientos políticos que se suceden a lo largo del terrible siglo XIII: derrumbamiento del Imperio Almohade, conquista castellana de Andalucía, revuelta mudéjar, expulsión de los musulmanes del Valle del Guadalquivir, invasiones benimerines y guerra civil entre Alfonso X y su hijo Sancho.

Andalucía, a comienzos del siglo XIII. Una familia de origen muladí, los Banu Quzman, vive afincada en Sherish Shiduna (la actual Jerez de la Frontera) desde hace muchas generaciones. Sus miembros varones se dedican, principalmente, al ejercicio del Derecho, ocupando el cargo de cadí mayor de la ciudad con carácter hereditario. La vida discurre, con sus afanes y alegrías, de la misma manera desde hace siglos; pero pronto, todo va a cambiar.

Desde la batalla de las Navas de Tolosa los andalusíes asisten a una marea lenta pero imparable: la conquista castellana de sus tierras. Poco a poco, las tropas del rey Fernando van tomando una villa tras otra. En muchos casos, los habitantes musulmanes se rinden sin lucha y pueden conservar sus vidas y sus bienes, permaneciendo en sus lares cuando se someten a la soberanía de Castilla, bajo su propio fuero y costumbres. Pero las ciudades que se resisten deben afrontar las consecuencias habituales: los supervivientes son esclavizados, pierden sus posesiones y sus tierras, y las casas se reparten entre los vencedores.

Con los cristianos cada vez más cerca de Sherish, las dudas sobre el destino de la familia se acrecientan. Los Banu Quzman asisten asustados a los acontecimientos, haciéndose las mismas preguntas que todas las familias andalusíes: ¿es preciso luchar hasta el final, aún a riesgo de perderlo todo, o mejor someterse a vasallaje? ¿Qué será de los hijos si Sherish cae en manos de Castilla? ¿No es mejor emigrar a África y conservar, al menos, parte de la riqueza? ¿Es admisible para un musulmán vivir sometido a la soberanía de un rey cristiano? En el seno del clan familiar, los dos hermanos, Muhammad y Hamet, siguen caminos dispares. El primogénito elige la senda de la guerra y participa en la resistencia contra la conquista. El segundo, Hamet, opta por llegar a acuerdos con los castellanos, pero en la constante duda de si emigrar o no" (en: http://grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=4071&edi=1)

Reseña de su otra novela Última frontera:
https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/02/02/ultima_frontera_juan_luis_pulido_74811_1821.html
https://www.diariodecadiz.es/ocio/Ultima-Pulido-Begines-Edad-Media_0_1199580042.html

   

sábado, 18 de abril de 2020

Pena de muerte para el “pecado nefando” en Jerez (s. XVIII)



Recordemos que el clima moral, religioso y cultural ultracatólico y oscurantista de aquella década de los años 80 del s. XVIII en Jerez estaría fuertemente influenciado por personajes como el rudo fraile predicador Diego de Cádiz (https://www.lavozdelsur.es/el-mas-que-temible-fraile-fray-diego-jose-de-cadiz/).

Efectivamente, un texto de la época nos cuenta cómo se vivenciaban, colectivamente, los rígidos sentimientos religiosos oficialistas gracias, entre otras cosas, a las encendidas prédicas del citado fraile: “Las Comunidades no solo de religiosas, sino también de Religiosos, fue mucho lo que en aquella noche hicieron de oraciones, y ejercicios para aplacar a Dios. Los seglares confusos, llorosos , unos se fueron al Calvario , otros a sus casas, todos asustados se hicieron innumerables promesas, rogativas, confesiones generales, sin poder dar abasto á tanto en muchos días, habiendo sido el siguiente al de este suceso , como un Jueves Santo; las Iglesias llenas de gente, cerradas las tiendas y oficios, especialmente por la tarde que se formó la procesión de penitencia en la que iban casi todos los vecinos de la Ciudad, y el Apostólico Misionero corriendo de extremo á extremo, exhortando á penitencia con el Crucifijo en la mano: sus exhortaciones en estas ocasiones se reducían a una breve sentencia eficaz y concluyente proferida con notable ardor, y fuerza, las que siendo muy frecuentes, herían extraordinariamente. Esto mismo que repitió en Xerez, y en Estepa, causó los más asombrosos efectos para bien de las almas…”.

Pero sabemos que ante este clima de temor, en 27 de febrero de 1778, el síndico personero de Jerez defendía como podía el derecho del pueblo a las diversiones públicas: “que la costumbre de correr toros enmaromados en esta ciudad, en la temporada Carnaval, y hacer la principal nobleza, en los intermedios, escaramuzas á caballo… es una diversión honesta y de ningún costo, que son los dos objetos que, por mi empleo, debo promover para entretenimiento del pueblo…”. Aunque el síndico tenía encima un clima de control y rigidez de las costumbres del que obviamente no podía desembarazarse. Y así, hasta el marqués de Valhermoso, grande de España, sufrió los ataques de las autoridades municipales y el poder local eclesiástico, por haber construido un teatro en el alcázar, del que era alcaide, y haber celebrado allí una óperaEl archivero Agustín Muñoz nos dice, en su libro de noticias históricas de calles y plazas de Xerez, que la calle Comedias, que servía de tránsito entre las calles Santa Isabel y Llano del Alcázar, fue cerrada por acuerdo de cabildo de 24 de abril de 1780.

Por supuesto, no olvidaron las autoridades tradicionalistas combatir también costumbres populares como sacar delante de la custodia en el día del Corpus a gigantes, tarasca, gigantillas y danzas por algunas notables irreverencias en la fiesta del Santísimo… los gigantones, gigantillas y tarasca, porque semejantes figurones, no solamente no autorizaban la procesión y culto del Santísimo Sacramento, sino que su concurrencia causaba no pocas indecencias. Y también, ya en 1792, se conserva documentación municipal que da cuenta, otra vez, de las iniciativas de fray Diego de Cádiz para lograr no se vuelva á pedir nueva licencia para toros ó regocijos en plaza cerrada, por los irreparables perjuicios que se experimentan, en el abandono de las labores del campo, aquellos días, como también en el de las obras públicas y oficios menestrales respectivamente; y el atraso que de consiguiente experimentan las familias, aun prescindiendo de otros excesos que suelen también resultar.

Pues bien, es en este clima moralmente rigorista y políticamente represivo (recordemos que el detonante del motín de Esquilache en 1766 fue una orden sobre la forma de vestir del pueblo) donde se producen escenas mucho más que escabrosas como la ejecución pública de los practicantes del pecado nefando, es decir, de la homosexualidad…

La desviación sexual se castigaba, en el contexto de ese rigorismo religioso que hemos descrito, en Jerez con la pena de muerte, garrote vil e incineración pública de los cuerpos, allá por el año 1780, casi a fines del reinado de Carlos III, comprobándose así que los aires modernos introducidos por este rey no llegaron a reducir la mentalidad colectiva supersticiosa y brutal que aún identificaba el pecado nefando, como se le llamaba en la época, con la peor herejía posible. Entonces, en el año 1780, era corregidor de Jerez el sr. D. Francisco de Carvajal Mendoza y alcalde ordinario el sr. D. Francisco Carrasco.

(Museo del Prado, Pedro Berruguete: "Quema de sodomitas", 1497)

Pues bien, en el conocido Diario de Trillo se nos cuenta que en 15 de enero de 1780 “en sábado, le dieron garrote vil en el suelo y después fueron arrojados a las llamas de una hoguera a Juan Alonso, el tabernero, a Francisco Dorado y a Francisco Trabajos, por haber cometido el pecado nefando, cuyo castigo se ejecutó en la plaza de Escribanos, por la mucha agua que llovió, y después de dado garrote al dicho Trabajos, estando puesto en el carro volvió a resucitar y fue puesto otra vez en el suplicio y les dieron segunda vez garrote, lo que finalizado, fueron puestos en el dicho carro y conducidos junto al Pozo del Rey, en un llano donde había una grande hoguera encendida y fueron arrojados, en cuyo sitio estaba señalado el día antes para darle el garrote, pero por la mucha agua que llovió el día tercero, fue ejecutado en el día cuatro, en la referida plaza, habiendo estado por este acaso cuatro días en capilla, que por ser cosa particular y poco vista, ni usada con los ajusticiados, se anota”.

Pero esta asesina severidad contra el pecado nefando practicado entre personas no eclesiásticas no era la misma vara con la que se medía la cuestión si los implicados eran uno o más sacerdotes en el ejercicio de su ministerio. En el libro de Gerard Dufour (Ámbito Ediciones, Valladolid, 1996) titulado Clero y sexto mandamiento. La confesión en la España del siglo XVIII encontramos un texto de la época en la que un granadino acude al Santo Oficio de la Inquisición en Jerez para hacer una acusación de abusos sexuales contra un sacerdote en su persona, justo en el sacramento de la confesión: “dijo que a 26 de marzo de 1755, acudió el declarante a confesarse al convento franciscano de Ronda, y habiéndose puesto a confesar con el reo, se levantó éste y dijo el declarante viniese a su celda, y fueron allí; cerró el reo la puerta con llave, se prosiguió la confesión, y antes de acabarla, le hizo se levantase, y levantándose los dos, tocó las partes del declarante hasta moverle a polución, y después, levantando sus hábitos, sacó sus partes y quiso que el declarante hiciese lo mismo con él. Pero viendo que se resistía, le hizo se pusiese de rodillas; se sentó el mismo, y le mandó se acusase de aquel pecado, y le echó la bendición”. Dufour añade: “En realidad, hay mucha hipocresía en las declaraciones de más de un penitente solicitado que se presenta como víctima, habiendo sido cómplice”, es decir, se trataba, en algunos casos de relaciones homosexuales consentidas por ambas partes, y concluye: Hay que decir que la solicitación a los hombres presentó un carácter excepcional: de los 660 confesores que comparecieron ante los tribunales del Santo Oficio por solicitación, sólo nueve de ellos se vieron acusados de seducir (o intentar seducir) a varones”.

Todo este clima de represión contra la homosexualidad ocurría en un caldo de cultivo, más general y previo, de rígido control moral e ideológico de la población a base de imponer esquemas religiosos procedentes de Trento y la Inquisición. No es extraño, dicho todo lo anterior, que ya en 11 de abril de 1777 llegara un significativo documento al ayuntamiento de Jerez en el que se leían medidas, a instancias de un obispo, dictadas por la corona para intentar paliar la falta de obediencia de la población a las directrices morales de la iglesia: “…haber penitentes de sangre o disciplinantes y empalados en las procesiones de Semana Santa,  en las de la Cruz de Mayo, y en algunas otras de rogativas, sirviendo sólo, en lugar de edificación y de compunción, de desprecio para los prudentes, de diversión y gritería para los muchachos, y de asombro, confusión y miedo para los niños y mujeres, á lo cual y otros fines aún más perjudiciales, suelen dirigirse los que las hacen, y no al buen ejemplo y a la expiación de sus pecados. En el segundo punto exclama contra las procesiones de noche, por ser una sentina de pecados, en que la gente joven y toda la demás viciada, se vale de la concurrencia y de las tinieblas, para muchos desórdenes y fines reprobados, que no pueden impedir las justicias”.

domingo, 5 de abril de 2020

Cuando Franco visitó el Archivo Municipal de Jerez (mayo de 1943)

Me pregunto qué habría hecho yo si el alcalde me hubiese dicho, de haber nacido yo sobre 1917, que le explicase los viejos documentos y pergaminos al mismísimo y sanguinario Francisco Franco que vendría de visita a Jerez un 6 de mayo de 1943, victorioso, aupado por una montaña de cadáveres que todavía en 2020 yacen en cunetas y en lugares que, por el momento, aún no conocemos con exactitud. Supongo que le habría dicho a mi alcalde  de turno que nanai... y supongo que, como mínimo, me habrían expedientado, multado y, muy probablemente, pasado por un consejo de guerra extraordinario, como hicieron con muchos, directo al expediente de depuración más crudo.                     (imagen del libro Calles jerezanas, de José A. Cirera) 

Afortunadamente, no me he visto en esa situación más que en mi hirviente y temerosa imaginación y, por casualidad, como fruto de la lectura de un recorte de prensa de ABC de 7 de mayo de 1943, donde se cuenta sucintamente cómo Franco visitó el ayuntamiento y una exposición que al efecto se le preparó con la creme de la creme de la documentación histórica municipal.
El director del Archivo Municipal que le explicó a Franco los documentos expuestos en las vitrinas debió ser quizás Manuel Esteve Guerrero (o Adolfo Rodríguez Rivero), que también sería director de la Biblioteca y director del Museo (tres en uno). Veamos:


Al terminar, el entusiasmo se desbordó y la muchedumbre prorrumpió de nuevo en vítores y aclamaciones. El Caudillo tuvo que asomarse al balcón del Ayuntamiento para corresponder a las aclamaciones del público que se había congregado en los alrededores. Después se trasladó al antedespacho de la alcaldía, donde en diversas vitrinas estaban expuestos interesantes documentos que se conservan en el Archivo Municipal y entre los cuales figuran la renuncia a la Corona de España por Carlos V, cartas al Ayuntamiento, fundación de la Feria de Jerez por Felipe III, fundación de Puerto Real por los Reyes Católicos, relación de cañones que tenía el Regimiento de Artillería de Jerez, 38 privilegios reales concediendo diferentes gracias a Jerez. Libros sobre noblezas jerezanas, diferentes cartas de reyes y cartas de Isabel la Católica pagando a Jerez el trigo que llevó a Colón al descubrimiento de América para comer y sembrar. El archivero municipal explicó al Caudillo todo lo relativo a dichos documentos y el Generalísimo le felicitó” (ABC de Sevilla, 7 de mayo de 1943)


De haberme visto obligado a meterme en el pellejo de mi antecesor Manuel Esteve Guerrero... yo no me lo habría pasado bien con Carmencita, Pemán, el prior del Carmen, el comandante Arizón, los divisionarios azules, etc., rodeándome por cuatro costados mientras le explicaría a la polina (me refiero al voz de pito) qué cosa es un privilegio real. Probablemente, tras mi temblique de voz y la mirada amedrantadora del alcalde accidental, entonces el sr. Sebastián Carrasco Ruiz, por el titular Andrés Fereán López, me habrían llevado en volandas, cogido de las patillas, por la calle Corredera (perdón, General Franco) camino de no sé qué escampao.

Bendito sea Dios.

sábado, 4 de abril de 2020

La iglesia católica contra el teatro y sus comediantes (Jerez, 1693).


En el acta del pleno municipal de 9 de marzo de 1693, fº 151, conservada en el Archivo Histórico Municipal de Jerez, se encuentra un profuso documento, sin una línea de desperdicio, que nos cuenta la feroz oposición de la iglesia católica al teatro y a los comediantes.

El curioso documento original fue transcrito y publicado -nosotros no hacemos más que reproducirlo aquí para nuestros lectores amantes de la historia de Jerez- por el gran archivero municipal Manuel Fernández Formentani (http://memoriahistoricadejerez.blogspot.com/2018/11/jerez-y-sus-archiveros-municipales-en.html), el antecesor del famoso archivero Agustín Muñoz Gómez (http://memoriahistoricadejerez.blogspot.com/2018/01/el-archivero-municipal-de-jerez-agustin.html). Dejo en cursiva exactamente los mismos párrafos que aparecen en la publicación original de Formentani (Jerez: Imp. de El Guadalete, 1890, 240 pp.)

He subrayado en negrita, a modo de resumen de la algo intrincada verbosidad del castellano de antes para el lector no avezado, lo que me ha parecido más interesante de esta frontal batalla de la iglesia católica en tiempos de Carlos II, el Hechizado, y siendo corregidor de Jerez Francisco Jiménez de Castilla, contra el teatro y contra los comediantes.

Como siempre, nada más peligroso que la libertad y la risa. Los trabajadores divirtiéndose y las mujeres riendo... mal negocio para quienes defendían el rigorismo de Trento, para la Inquisición, para la oscura teocracia de la época.

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D. Álvaro José Núñez Cabeza de Vaca, 24º y procurador mayor, dijo: que en el cabildo que la ciudad celebró el día lunes 2 de este presente mes, dio cuenta el sr. D. Manuel Ponce de León, 24º, como diputado comisario de esta ciudad, para la solicitud del pleito sobre la representación de comedias, de haberse ganado despacho del sr. nuncio, de que asimismo exhibió extrajudicialmente una minuta de la petición y auto, y que lo esperaba auténtico en el correo. Y porque le consta haber venido dicho despacho, y tener gravísimos inconvenientes en la prosecución del juicio y seguimiento del apelación interpuesta por el ilustrísimo y reverendísimo arzobispo de Sevilla para ante su Santidad, y mucho mayores, conseguido el pleito, en el ejercicio y actos de representaciones de comedias, debe poner en la alta consideración de la ciudad, de lo que su cortedad alcanza en este punto, para que con el recto y católico ánimo, tome la más acertada y piadosa resolución.

Lo 1º considera en las farsas, la mala y estragada vida que suelen tener los sujetos que se ejercitan en ella, por el ocio, vicio y regalo que comúnmente suelen tener, de donde dimana dar oídos a ilícitas solicitaciones, acarreadas del atractivo de su profanidad y provocación; resultando de aquí los inconvenientes de discordia entre casados; y el peor es el escándalo, de donde se originan en la publicidad graves culpas contra la divina majestad de Dios, por hacer gala pública de sus galanteos, y juntamente se ha solido hallar ilícitas correspondencias entre los mismos farsantes, y ser estos esponjas de las repúblicas, que engañosamente chupan y torpemente perciben el dinero, joyas y galas; y aunque en este punto tenía que decir largamente, lo omite, por la cortedad y desabrido del tiempo para este cabildo.

Lo 2º es la cuestión que comúnmente se debate en la teología moral, en esta materia de comedias, sobre si es malo, bueno o indiferente este acto, en que se ha discurrido largamente, y esto se reduce a especulación; pero lo más probable y seguro es el condenar el modo con que comúnmente se suele usar de él, como se verifica de la experiencia que se tiene de los malos sucesos que resultan, de que en evitarlo no tan solamente se pueda esperar cosa mala, antes sí grandes conveniencias temporales y espirituales, como claramente se verá en el congreso de toda esta proposición.

Lo 3º es la perturbación que las farsas acarrean en las repúblicas con sus representaciones, y especialmente en esta ciudad, pues la mayor parte, sin comparación, se compone de pobres braceros y oficiales, y estos, llevados de su curiosidad, suelen dejar sus precisas tareas para el sustento de sus familias, por acudir al divertimiento ocio de comedias, de donde resulta, además de la escasez del natural sustento, el andar las faenas y cultivación de campos con atrasos, siendo contra el bien común de todos.

Lo 4º son los duelos, piques, desabrimientos, pendencias y muertes que, sobre los asientos, lugares, aposentos y galanteos de mujeres, suele haber, siendo todo contra la paz y quietud que, por la divina misericordia, se goza en el tiempo presente en esta ciudad.

Lo 5°, los robos que suelen hacer en las horas que dura la representación, con el seguro de la soledad de las casas que a ello les convida, y no tener el riesgo de que la justicia los coja, por estar aplicada a la más urgente necesidad en la casa de la comedia.

Lo 6° es el común hechizo para la femenil curiosidad, que vulgarmente se amontona y atropellando el cumplimiento de su obligación,  en sus casas y familias, y aunque sea aplicando los maravedises que tienen para el pan; y lo más lastimoso y lamentable es el que ordinariamente suelen costear la entrada a expensas de su modestia y cristiana obligación en que no suelen reparar, por la precisa y común ausencia de sus maridos, padres y hermanos, en los días de trabajo en los campos.

Lo 7º, no estar los inconvenientes que algunos dicen ser, de los maravedises que los propios de esta ciudad y niños de la Cuna perciben en las entradas, porque, sacrificándose esta acción a la divina majestad de Dios, se debe entender se dignará de dar providencia de medios, por otros más seguros caminos, como se verifica en la porción de renta que en el medio tiempo de no haberse representado, se ha hecho aplicación para la cría de los niños, cuya cantidad milagrosamente inventó la católica caridad y santo celo, nuevamente, de una posesión que, sin faltar al uso común que se tenía de ella, se percibe, y asimismo es de gran consideración el haber visto y ver empeñado el pastoral celo y paternal caridad de los ilustrísimos y reverendísimos sres. D. Ambrosio Spínola y Guzmán y D. Jaime de Palafoz y Cardona, nuestros dignísimos arzobispos de Sevilla, solicitando el embarazar las representaciones de comedias en esta diócesis, y otros venerables prelados, en las suyas, por todos los medios posibles, y en que precisamente se invierten grandes cantidades de maravedises del propio caudal de pobres, en que es perjudicado el bien común, cuya consecuencia conforma lo mucho que romanea el santo motivo de embarazarlas, y todo lo contenido en esta su proposición.

Y por estas y otras muchas razones que tiene y protesta a su tiempo, y adonde y cuándo convenga expresar, suplica a esta ciudad se sirva de acordar se suspenda la prosecución del dicho pleito, y que el auto que se ha ganado en él, del ilustrísimo y reverendísimo sr. nuncio, se guarde en el archivo, y los caballeros diputados escriban a su ilustrísima, noticiándole esta determinación, cuyas demostraciones deberán ser comúnmente muy plausibles y de particular edificación, en que será servida la divina majestad, esperando de sus liberables manos, repetidos beneficios a esta ciudad; con que protesta haber cumplido con su obligación, y lo pide por testimonio.

viernes, 3 de abril de 2020

El escudo de la ciudad de Jerez.



Sobre el escudo de la ciudad de Jerez trajo a colación Delgado y Orellana, en su ya clásico libro sobre la heráldica municipal de la provincia de Cádiz, una conocida cita: «El Rey don Alonso X de este nombre que se llamó el Sabio, ganó esta ciudad de Xerez que se dio a pleitesía la primera vez; con tal condición que los moros quedasen en ella con todo lo suyo. Concedió el rey y puso en su Alcázar un Alcaide de esta sangre de Castilla y León, e el Alcaide y los Caballeros pidieron armas e él se las dio y por armas tomaron las ondas del mar porque era cosa que siempre combate; así como ellos quedaban con sus enemigos y sus malos pensamientos y que así fuesen sus armas y el Rey les hizo merced e dio su fe que dentro de diez días que lo llamasen les socorrería; e para la seguridad de aquello les dio en fe sus armas Reales para que fuese amparo e orla de las de esta Ciudad».



Bien, hoy traemos a este blog un recorte de prensa de un interesante artículo del historiador puertorrealeño Juan Moreno de Guerra (1878-1936) que habla sobre el escudo de armas de la ciudad de Jerez:





Agustín y José García Lázaro: El escudo de Jerez, un recorrido histórico e iconográfico (I)
https://www.lavozdelsur.es/el-escudo-de-jerez-un-recorrido-historico-e-iconografico-i/

Agustín y José García Lázaro: El escudo de Jerez, un recorrido histórico e iconográfico (I)
https://www.lavozdelsur.es/el-escudo-de-jerez-un-recorrido-historico-e-iconografico-y-ii/

Agustín y José García Lázaro
http://www.entornoajerez.com/2016/10/como-las-ondas-del-mar-el-escudo-de_16.html