domingo, 8 de diciembre de 2019

Las anécdotas sobre Jerez de Sebastián Marocho (III)



El pasado 30 de noviembre del mes de noviembre de Nuestro Señor Jesucristo de 2019 (remedando la forma de expresarse de las escrituras antiguas), dimos a conocer en este blog algunas anécdotas más, creemos que curiosas y divertidas, que aparecen en el sorprendente librito de Sebastián Marocho “Cosas notables ocurridas en Xerez de la Frontera desde 1647 a 1729”, publicado por el Ayuntamiento de Jerez en la fatídica fecha de 1939, cuando aún el fratricida derramamiento de sangre no se había secado en las calles de España.

Pero además de curiosas y divertidas, estas “anécdotas” son un interesante repositorio de hechos históricos llamativos, algunos política y económicamente relevantes, que dan pistas muy importantes a los historiadores e historiadoras que quieran aventurarse en ese período cronológico que el librito abarca: segunda mitad del XVII y primer tercio del XVIII (hasta 1743, a pesar de que el título dice 1729). Leer esta crónica de sucesos “notables”, como reza el título, es no solo un placer, sino un verdadero ejercicio de acercamiento, a través de los ojos de Marocho, a la historia más real, viva y descarnada de Jerez. Una de las fuentes de nuestra historia a la que tenemos más aprecio.

Año 1698 y 1700: “En este año el Arzobispo D. Jaime de Palafox, que se hallaba en Jerez, quiso llevar en sus manos, como lo había hecho otro año, la Custodia en la procesión del Corpus, y no quiso la ciudad sino que fuera en las andas” (1698). “En este año, en nueve meses, murieron el Papa, el rey Carlos II, el Arzobispo de Sevilla y el Vicario corregidor de esta ciudad. Este año Juan Guerrero, noche de San Pedro, mató a Don Pedro Mirabal” (1700).

Año 1702: “Este año, vísperas de San Bartolomé, fué la venida del Inglés con doscientas velas que acordonaron a Cádiz. Desembarcaron catorce mil hombres y tomaron a Rota. El temor de que viniesen a Jerez hizo que se fuera mucha gente, y no hubo Convento de Monjas que no saliera fuera. El Jefe Inglés, el Príncipe de Admestad, el cual, con un tambor y un propio envió a Jerez una con sobre escrito que decía: «A Don Bartolomé Leandro y Dávila y demás Veinte y cuatro de Jerez: Salud en nuestro Señor Jesucristo: Estoy en intención de pasar a esa ciudad en nombre del Señor Archiduque de Austria; no dudo seré bien recibido, pues viene S. M. a pacificar los ánimos de los Españoles y no es otro su intento.» Juntáronse los Veinte y cuatro y llamaron a cu1tro Letrados, a quienes preguntaron: «¿Qué hemos de hacer con esta carta? ¿Tiene respuesta?», a que respondieron que sí. «Que si S. A. no venía a otra cosa que a lo que decía podía excusarlo, pues estaban en ánimo de no faltar al juramento que habían hecho a Felipe V.» Y un traslado de esta carta, y 1a original que envió el enemigo, se lo mandaron a Felipe V”

Años 1704, 1705 y 1706: “Este año, a 4 de Agosto, perdimos a Gibraltar. Se erigió la Compañía de Jesús, día de San Bartolomé, y entró a ser Corregidor el Marqués de Añabete” (1704). “Este año se bajaron los censos, de cinco a tres por ciento” (1705). “Mataron en Badajoz a Don Rodrigo y a Don Miguel de Villavicencio, y nunca se supo quién los mató” (1706).

Año 1709: “Se llamó de la epidemia, pues con las horribles aguas del año anterior, se perdieron los campos y hubo hambre, y de ella y de enfermedad, murieron en Jerez tres mil personas. Entonces se hizo el cementerio de San Miguel a espaldas de la Sacristía. Era tanta la escasez, que el que lograba media fanega de trigo se daba por dichoso, y para que durase más se mezclaba con habas y garbanzos. Fue año de mucho vino. Lo más común que había era pan de cebada; el de garbanzos, yeros, alverjones, habas, etc., no podía comerse: En la Vicaría no se pudo llevar cuenta con testamentos ni cláusulas. Entró por Corregidor Don Diego de Herrera”.

Años 1713, 1715: “Fue la canonización de San Pío V. Hubo en Jerez fuegos como no los habían visto los nacidos y máscaras” (1713). “Se siguió la obra de la Colegial, que hacía diez y siete años que estaba parada. Un maestro de Sevilla vino por mandado del Arzobispo y apreció la obra en trescientos mil pesos, visto lo cual el dicho Arzobispo dijo: “Manos a la obra que de mi dinero la acabaré”, y dio cien mil pesos para empezar… Don N. Tortolero. Este señor tuvo en su poder el nombramiento de Corregidor, que le costó cuatro mil pesos, que hubo quien le diera al Rey los mismos cuatro mil pesos y treinta caballos; y mandó el Rey que se le diese, y que a Tortolero se le devolviese lo que había dado. El que pujó fue don Diego de Herrera, que, que continuó por consiguiente tres años más. En este tiempo, por las exigencias de la guerra, se vendían los gobiernos” (1715)

Año 1722, 1723: “Se empezó a cerrar el río de San Pedro y a abrir el que va al Puerto, que empezó a correr el 14 de Noviembre y toda la obra la dirigió Patiño” (1722). “Se publicó una pragmática prohibiendo todo género de vestir con oro o seda, y asimismo prohibía coches dorados. Este año fue el motín con los Serranos” (1723)

Año de 1727, 1728, 1729 y 1730: “Se sitió a Gibraltar y duró el sitio cuatro meses. Los carreteros de Jerez llevaron la Artillería desde Cádiz” (1727). “Este año, fue tanto el calor, que la uva se secó en la cepa y se cogió tan poco que se vendió la bota a treinta y seis pesos, cosa que nunca se había visto” (1729). “Vino Felipe V y su familia a Jerez, y se hospedaron en el Alcázar. Este año se hizo el Claustro alto de Santo Domingo, que va al coro” (1729). “Por la escasez de trigo vino de la mar, que era más barato y de tan buena calidad como el mejor de la tierra. Se vio en Revista y se ganó el pleito que la ciudad tenía con el Duque de Arcos, que hacía trescientos años que había empezado. Debióse tan buen resultado a la buena dirección y empeño de Don Juan Dávila, enviado como Veinte y cuatro de la ciudad” (1730).

Año 1731: “Por el mes de enero se derogó la Pragmática que mandaba no excediese el precio del trigo de veinte y ocho reales. Vinieron de Italia las cortinas de brocateles para San Marcos, y se acabó el retablo y dorado de la misma Iglesia, todo lo cual se debió al cuidado y celo de Don Diego de Morla, que con sus limosnas y las que pedía a todos los feligreses, pudo llevarlo a cabo. Por enero de este año acabaron las enfermedades de Cádiz, que llamaban vómito negro. En Jerez no hubo nada, a pesar de la infinita gente que acudió de Cádiz y otras partes. En este año fue a Madrid a negocios el Presbítero y Beneficiado, Don Antonio Quintanilla. Fue y volvió habiendo despachado su asunto en once días en el mismo caballo, que era color rucio, y volvió con la misma valentía. En este año se remataron los diezmos de trigo en 27.800 fanegas, no acordándose nadie de remate tan alto, a no ser en el año de 25, que llegó a 29.000 fanegas”.