domingo, 26 de julio de 2020

El asesinato de Blanca de Borbón en Jerez (1361)


En el tomo tercero de la Revista Andaluza (1841) aparece un artículo de J.A. Lavalle titulado: Examen de un hecho histórico. Observaciones sobre la muerte de la reina Doña Blanca, y el lugar de su enterramiento (https://drive.google.com/file/d/0BzTx2SHKf4AmdzFNVFVYWXhKa3M/view). De este curios personaje jerezano J.A. Lavalle sabemos (http://www.palacio.org/DeLavalle/1erCondeDePremioReal/00000046.htm) que era III conde de Premio Real: "D. José Antonio de Lavalle y Sánchez Trujillo: Consejero de S. M. en el de Agricultura, Industria y Comercio. Comendador de la Real Orden de Isabel La Católica, y Presidente de la Real Sociedad de Amigos del País, de Jerez de la Frontera, punto de su residencia, casó con Dña. Ana Romero Montezuma Ramón Corbacho y Guerra, teniendo por Hijos de este Primer Matrimonio: a) D. José Antonio de Lavalle y Romero, Tercer Conde de Premio-Real, por carta de Sucesión dada en 1879, y Conde La Estrella, Consúl de España en Quebec, Canadá, en 1882. Murió sin Sucesión. b) Dña. María de la Estrella de Lavalle y Romero. Y del Segundo Matrimonio, con Dña. María de la Caridad Rodríguez de Vera-Basurto Sánchez y Diaz de la Guerra, sus hijos: a) D. Fernando de Lavalle y Rodríguez Vera-Basurto, b) Dña. María del Carmen de Lavalle y Rodríguez Vera-Basurto".

Y de J.A. Lavalle nos dice el investigador Roberto Garvía en su trabajo "Loterías: un estudio desde la nueva sociología económica" (CIS, Madrid, 2008) lo siguiente: “Una de las primeras Cajas de Ahorro de España se creó en Jerez de la Frontera, por iniciativa de José Antonio Lavalle, un enemigo acérrimo de las loterías. La Caja de Jerez no consiguió enfriar el ánimo de los jugadores, por lo que Lavalle reorientó su cruzada personal con una propuesta encaminada a enseñar a los pobres matemáticas y cálculo de probabilidades, porque “cuando esto se haga, cuando todos los españoles sepan leer y conozcan las reglas del cálculo entonces las Loterías se hundirán para no volver más a levantarse” (Lavalle, 1842: 779)”.

Pero dejemos al casi desconocido Lavalle -del que ya hablaremos en otra ocasión- y centrémonos en Doña Blanca. El historiador Parada y Barreto, en sus Hombres Ilustres de Jerez (pp. XLIV-XLV), nos dice de este luctuoso asunto que tanto ha llamado la atención a la historiografía local: el asesinato, quizás cometido en el castillo de doña Blanca, de la esposa de Pedro el Cruel:

<<Pero otro suceso no menos ruidoso que el de la muerte violenta del monarca, había tenido lugar en Jerez en el año de 1361. La reina Dña. Blanca, que había sido repudiada del nupcial lecho, apenas verificado su desposorio, vivía por entonces sola y presa en la torre jerezana del valle de Sidueña, a la sazón que era alcaide del alcázar de Jerez Juan Pérez de Rebolledo. La reina había recorrido prisionera los castillos de Arévalo, Sigüenza, Toledo y Medina Sidonia, y el rey la miraba como un motivo que en parte contribuía á sus sinsabores y conflictos, porque realmente su nombre había sido en más de una vez tomado por sus contrarios como causa de rebelión. Un día que el rey se solazaba cazando solitario por las sierras de Jerez, vino un hombre en traje de pastor á sorprenderlo de repente y le recordó sus deberes para con la reina: y esto que tal vez sirviera de intimación á un alma de menos temple, acabó de irritar su ánimo contra aquella y se decidió terminantemente á deshacerse de su persona. La cruel orden de muerte fue entonces dada con toda decisión, y Pérez de Rebolledo fue el único de entre los servidores del monarca que se atrevió a manchar su nombre con un crimen, que la historia no podrá jamás justificar. Dña. Blanca se vio en el duro trance de tener que obedecer a sus verdugos y con yerbas que le dieron acabó aquella infeliz princesa una vida de que no había disfrutado sino entre penas y sufrimientos. Su cadáver fue desde el castillo trasladado sigilosamente al convento de San Francisco de Jerez y enterrado en una capilla que por donación de los reyes católicos fue luego de propiedad de la familia de los Vargas (1) Después de este lamentable suceso, que en la ciudad debió causar honda impresión, Juan Pérez de Rebolledo siguió mandando en el alcázar hasta el año de 1366 en que apoderados, como ya hemos dicho, del gobierno de la población los partidarios de D. Enrique, hicieron preso a Juan Pérez, y llevado ante el infante, que a la sazón se hallaba en Sevilla, fue mandado arrastrar y colgar públicamente su cuerpo en los caños de Carmona">>.

Pero en el mismo libro de Parada y Barreto encontramos una llamativa anotación que trata de dar cuenta de la autenticidad de los hechos (que la reina fue asesinada en Jerez y que fue enterrada en San Francisco): “Esta donación [se refiere a la capilla de los Vargas] fue hecha a Alonso Pérez de Vargas, en privilegio de 10 de Agosto de 1483, donde se dice así: "Vos fago merced de un suelo e capilla que es en el monasterio de San Francisco de la ciudad de Xerez de la Frontera, el cual suelo é capilla de que yo vos fago merced es en el que estaba la reina D. Blanca, que Dios haya, que yo obe mandado sacar sus huesos é poner encima del altar mayor”. En tiempos de Felipe II, se mandó averiguar si efectivamente existía en Jerez dicho enterramiento, por dudas que en ello había, y se halló efectivamente en el sitio indicado por el anterior privilegio, de lo que extendió certificado el escribano Francisco Núñez, según aseguran los historiadores jerezanos, y principalmente el Padre Rallón, que dice vio el certificado y conoció al escribano, además de asegurar que con ocasión de un hundimiento de la iglesia se sacó otra vez el cadáver y tuvo ocasión de verlo encerrado en una caja de cedro que estuvo depositada durante la obra en la celda del Padre Guardián del convento". El historiador Hipólito Sancho dice (T. I, p. 38, nota 2) que esa concesión a los Vargas es un apócrifo.

Hipólito Sancho (cap. IX del T.I de su historia de Jerez) señala tres líneas de investigación en este asunto: 1ª) “Sobre la tesis asidonense de la prisión y muerte de la reina doña Blanca cfr.: Datos históricos relativos a la inscripción que en el año de 1859 se colocó en una torre de Medina Sidonia donde estuvo presa y murió la reina doña Blanca de Barbón, esposa de don Pedro de Cas tilla. Cádiz, 1859, punto de partida de una polémica en que intervinieron varios escritores comarcales”, 2º) “La tesis tudelana tiene un voto de calidad a su favor, el del P. Fr. Enrique Florez en sus Memorias de las Reinas Católicas. Madrid, 1790. en que siguiendo la opinión de Garibay en su Compendio historial. vol. II, pág. 311, señala como el lugar del entierro de la esposa de Don Pedro el Cruel, la colegial, luego catedral, de Tudela, confundiéndola con otra princesa de su misma casa y nombre”, y 3) “En general, los modernos como Llaguna y otros aceptan la tesis jerezana en sus ediciones de la Crónica del canciller Ayala, la Historia de Mariana y otras obras clásicas”.

El insigne historiador, finalmente, da por hecho que sí es cierto que la reina Dª Blanca fue asesinada en Jerez y que fue enterrada en San Francisco: “Frente a todo esto, Jerez tiene a su favor un hecho y una creencia secular, la permanencia en la capilla mayor del convento de San Francisco de la tumba de la malograda reina, con la noticia exacta y puntual de sus diversas traslaciones dentro del mismo sagrado lugar, y la creencia de sus habitantes, consignada en documentos públicos a partir de 1440, de que alli están los restos de quien pudo ser una reina poderosa y no fue más que una mujer desgraciada”.