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jueves, 17 de noviembre de 2016

Jerez en el XXIV aniversario del golpe militar (18 de julio de 1960).


Cada 18 de julio se conmemoraba no solamente el "alzamiento" militar de los generales profascistas dirigidos por Mola, Queipo de Llano, Franco, etc., sino que en muchas ciudades españolas, Jerez incluida, se escenificaba de nuevo la preponderancia, vigor e indiscutible caudillaje de la fuerza política del ejército sobre toda la vida civil.

Leyendo con atención la parte izquierda del recorte de prensa (periódico Ayer de 17 de julio de 1960), uno se percata de ese amenazante y frío "En la orden de la Plaza, de ayer, se dispone lo siguiente"... como si de solo dos lugares en la vida política del país emergiera el poder: el lado militar y el lado civil (estando el segundo sumisamente sujeto al primero). Es lo propio de una dictadura militar fundada sobre un baño de sangre. 

El Ayuntamiento quedaba militarizado, en todos los sentidos, sobre todo en el simbólico-político, una vez más y sin remedio alguno -aunque por un día-. El comandante de la plaza iba a ser agasajado como la mano derecha del católico faraón Francisco Franco. Como en 12 de octubre de 1492, el mundo local iba a parar en seco y, estremecidos todos por la gloriosa fecha del 18 de julio, la bendición militar del comandante Arizón iba a caer sobre todas y cada una de las cabezas del rebaño.

A la derecha del recorte aparece una crónica del golpe en Jerez bajo el titular "Jerez, eje de la reconquista de la provincia. Arizón organizó el alzamiento con sólo sesenta y cinco soldados", queriendo dar a entender su descomunal valor y, claro, dejando caer la ineficacia o la cobardía del resto de los oponentes de izquierda. En esta pequeña pero jugosa crónica se dan muchos nombres, lugares, fechas, etc. Está basada, según se lee al final de la misma, en un artículo escrito por Alfonso Patrón de Sopranis, un falangista jerezano, en "Ayer" de 18 de julio de 1937.

Difusa por el paso del tiempo, aparece en medio de la página la imagen gris del verdugo Salvador Arizón Mejías, junto a las arcadas del patio del cuartel Fernando Primo de Rivera, en la c/ Taxdirt. 

Triste recuerdo para una ciudad que vio, oyó y sufrió en sus carnes el fusilamiento de más de 400 personas gracias a la "heroica actuación" del mencionado comandante.