sábado, 26 de mayo de 2018

Álvaro Castro presentó en Jerez su libro sobre el filósofo ultracatólico jerezano José Pemartín (1888-1954)


De extraordinario interés cultural fue la presentación, ayer viernes 25 en la Caballero Bonald, del libro del doctor Álvaro Castro La utopía reaccionaria de José Pemartín y Sanjuán (1888-1954). Una historia genética de la derecha española (UCA, 2018). Además de la intervención del autor, fue muy interesante la presentación del prologuista del libro y filósofo el profesor de la UCA Francisco Vázquez García (http://uca-es.academia.edu/FranciscoGarcia).



De todo lo que dijo el autor hubo tres cosas que me llamaron especialmente la atención: 1ª) la importancia de Jerez en el entramado de la derecha española de la época de las dictaduras de Primo de Rivera y de Franco, 2ª) el convencimiento profundo, de raíz utópica, de este José Pemartín y otros en que era posible una sociedad perfecta bajo un modelo de monarquismo tradicionalista, patriarcal, catolicista, etc., y 3ª) las peculiares características de la derecha española (o, más bien, de las derechas españolas -como se encargó de matizar el autor-) que han hecho posible que no deriven, como sí han derivado en la actualidad en Holanda, Austria, Francia, etc., hacia posiciones totalitario-populistas-xenófobas. Este análisis de los principios filosóficos de las derechas españolas, hecho desde un punto de vista crítico, me ha parecido de sumo interés porque el marco en el que se presenta es un marco historiográfico donde el adn del nacional-catolicismo español, y su perduración hasta el día de hoy en ciertos sectores del PP y de otras organizaciones sociales, queda bien retratado.


Índice del libro (hacer click):

págs. 138-141:

"católica y la dirección a los hombres de AE -junto a algunos carlistas y miembros de la ACNP-, en detrimento de los falangistas del llamado «grupo de Burgos», a los que se les reservaba los medios de comunicación y propaganda en el Ministerio del Interior. La cartera del nuevo Ministerio de Educación Nacional recayó sobre Sainz Rodríguez. La elección quedaba justificaba tanto por la trayectoria política en el marco de la república, donde había sido diputado representando a los monárquicos y había estado vinculado a RE, como por su currículum académico. Además, contaba con buenas relaciones con Serrano Suñer, con quien había militado en época de estudiante en organizaciones conservadoras y del que había sido padrino, junto a José A. Primo de Rivera, de su boda con Ramona Polo.

El nuevo entramado ministerial se caracterizó por la dispersión administrativa y situó algunas de sus competencias en Vitoria, a donde Pemartín se desplazó en la segunda mitad de la guerra. El 5 de febrero de 1938 fue nombrado por Franco, a petición de Sainz Rodríguez, jefe del Servicio de Enseñanza Superior y Media. Este nombramiento lo sentaba en el despacho que reorganizaría tanto
el Bachillerato como la universidad franquista en sus primeros años. Parece ser que fue Pemán quien le sugirió el cargo de Sainz Rodríguez a Franco (Álvarez Chillida, 1996, p. 11 O) y posiblemente lo mismo ocurrió con Pemartín. Entre el equipo también estaban García Valdecasas, José Mª Areilza, Eugenio D'Ors o Romualdo Toledo.

Vinculado a Vegas Latapié y Sainz Rodríguez durante la guerra, ya se ha visto que Pemartín participó activamente en la política cultural de la España autodesignada nacional, a la vez que publicó sus textos más importantes. También participó tanto en las comisiones de depuración del personal docente como en su gestión desde su cargo en el Servicio Nacional de Enseñanza Media y Superior del Ministerio de Educación Nacional, que ostentaría hasta 1942. Allí elaboró junto a Sainz Rodríguez el nuevo plan de Bachillerato (1938), teniendo un papel central en el apartamiento definitivo o la rehabilitación del profesorado de enseñanza media y universitaria (Castro, 20 14b, pp. 195-231). Ya durante los años cuarenta se vinculó al Instituto Luis Vives de Filosofía, del que fue consejero, participó en creación de la Sociedad Española de Filosofía (SEF) y presidió desde 1949 la Federación de Amigos de la Enseñanza (FAE), a la vez que centró su actividad política en favor de la vuelta de la monarquía en la persona de Juan de Borbón.

Se analiza aquí esta trayectoria política y la evolución ideológica del jerezano durante esa etapa autárquica del franquismo.

2.- La depuración de la enseñanza republicana

Quizá el proyecto que mejor ejemplifica el proceso de etnificación que el régimen de Franco y las instituciones en las que se apoyaba intentó llevar a cabo sobre la población española fue el del sistema de enseñanza que empezó a configurarse en plena guerra. Al respecto y en sus inicios, Pemartín tuvo un papel muy destacado, tanto desde el punto de vista destructivo del legado cultural y educativo republicano como en la construcción de la enseñanza media y universitaria del primer franquismo. Convertido en 1938 en alto funcionario, tradujo en términos institucionales el capital político acumulado. Perteneció así a la fracción más poderosa de la clase dominante que en el terreno de la cultura diseñó, instituyó y encarnó a la dictadura de Franco al menos hasta el verano de 1942, cuando fue cesado, por petición propia, de su cargo del Ministerio de Educación Nacional, siendo ya ministro José Ibáñez Martín.

La Comisión de Cultura y Enseñanza, que se encontraba junto a otras seis tras el paso de la inicial Junta de Defensa Nacional del Gobierno del bando insurrecto a la Junta Técnica del Estado en octubre de 1936, fue la encargada de cambiar tanto la escuela como la universidad respecto a las exigencias del mando militar, la Iglesia y de la cultura política que los acompañaban. Si durante los primeros meses de guerra las medidas a tomar respecto a los maestros y docentes se habían ido improvisando por parte de los militares o alcaldes, esta Comisión daba garantía a la política de la omnipresencia simbólica de la religión católica desplegada desde el inicio y a la obligatoriedad de su enseñanza en todos los niveles educativos, creando cursillos de formación para maestros en materia de religión y patriotismo. Con su sede en Burgos, estuvo copada por los hombres de AE y desde un primer momento tuvo como objetivo la gestión de la limpieza de cualquier atisbo liberal, demócrata o socialista en el sistema de enseñanza, comenzando por los maestros, docentes y catedráticos, cuya totalidad pasaría por un expediente depurativo. Cuando fue creada la presidencia recayó en Pemán, la vicepresidencia en Enrique Suñer y las vocalías en Mariano Puigdollers Oliver y Vegas Latapié, aunque las ocupaciones propagandísticas de la guerra tuvieron muy absorbido al primero, por lo que la dirección efectiva recayó en Suñer. Este fue el autor de Los intelectuales y la tragedia española (1937), insidiosa obra en la que se reflejan claramente algunas de las directrices ideológicas de la comisión (Martín Vigil, 2011, pp. 159-166). Mostrando la motivación básica de ese libro se puede comprender buena parte de la justificación que se hizo de las depuraciones.

El punto de partida compartido era la responsabilidad de los intelectuales sobre la guerra, pues estos habían ido corrompiendo los valores morales de los españoles. La Institución Libre de Enseñanza junto con la Junta de Ampliación de Estudios, contribuyó como ninguna otra iniciativa del liberalismo español a descatolizar la patria. Así, la Residencia de Estudiantes o el Ateneo de Madrid eran el «Estado Mayor» desde donde se organizaba el odio hacia España, pero, a su vez, instrumentos de los intelectuales para satisfacer sus motivaciones ocultas, que no eran otras que el «atrapar cátedras y academias». Para el Pemartín de entonces la Institución Libre de Enseñanza era una «abuela de los enchufes» (Pemartín, 1938a, p. 389) y la solución era la depuración, no teniendo problema en señalar que el 75 % del personal docente era traidor respecto a la causa nacional. Por eso, el jerezano formó parte de la Comisión de Cultura con el cargo de consejero de consulta al menos desde el 12 de diciembre de 1936 (Claree, 2006, p. 45) y ayudó a su organización en Sevilla, proponiendo él mismo listas de integrantes a Vegas Latapié, cuando este ejercía de vocal. 5° Entre otras medidas, dicho dispositivo, además de la actividad depuradora, emitía órdenes de prohibición de libros creando comités de expurgue de bibliotecas en los distritos universitarios, los cuales elaboraban listados de obras permitidas en los que para figurar había que satisfacer un rígido sistema de criterios. Fue también la Comisión de la mano de Sainz Rodríguez y ante la orfandad intelectual del bando insurrecto la que decidió insistir en ponderar a la figura de Menéndez Pelayo como referente intelectual de la nueva España y de los ideales nacional-católicos.
La actitud de los hombres de la Comisión en su tarea depuradora fue rotunda y estuvo alimentada por el odio, compartido con la jerarquía eclesiástica, hacia la España que consideraban antinacional y «roja». Por eso las purgas de maestros y profesorado fue un proceso altamente eficaz en coda la España «nacional» a lo largo de los dos años siguientes. Para la elaboración de los expedientes depurativos se comenzaba pidiendo información detallada de los docentes a los municipios donde ejercían sobre sus actividades político-sociales y costumbres morales. Sobre codo ello informaba el Ayuntamiento -o Comisión Gestora- sirviéndose de los relatos de la jefatura de la Guardia Municipal, párrocos colaboracionistas, algunos vecinos «de orden» elegidos para cal fin e incluso de otros maestros de la misma escuela. En ese contexto de guerra, represión directa del profesorado o depuración podía significar desde un simple amonestamiento o separación de sus funciones a la aplicación de la ley de fugas y fusilamientos expeditivos, por lo que no es difícil encontrar expedientes de militantes de izquierda que quedaron sin resolver porque el maestro o maestra estaban desaparecidos.

El puesto en el ministerio convirtió a Pemartín en un medio imprescindible para tener que abandonar, para mantenerse o ingresar en los cuerpos del profesorado de Secundaria y de la universidad durante cuatro años, pues los nombramientos docentes iban a pasar por la mesa de su despacho, contando con los poderes suficientes para resolver directamente los expedientes, restituyendo a los depurados, decidiendo sanciones o solicitando la apertura de nuevos procesos. Por supuesto, a su mesa también llegaba una ingente cantidad de recomendaciones o peticiones de ayuda por parte de conocidos y terceros para colocar o apartar a muchas personas en trabajos y puestos determinados, lo que imaginamos le llevaría a tejer una red clientelar con pocas equiparaciones en el mundo de la educación del primer franquismo.

Basta como ejemplo algunas muestras de las peticiones que llegaron por parte del propio Sainz Rodríguez, sobre todo, cuando este abandonó el ministerio por motivos algo confusos. Poco antes de acabar la guerra, le pide que coloque a una señora por petición del coronel Valentín Galarza-Victoria 23 de febrero de 1939-; también lo hará con profesores como Salvador Fernández Ramírez, de Lengua y Literatura -carta Vitoria 8 de septiembre de 1939- y otros tamos -como, por ejemplo, en las cartas fechadas en Vitoria 6 de diciembre de 1939 o 29 de abril 1940, en Madrid el 8 de mayo 1940; 4 de junio de 1940; 31 de agosto de 1940; 17 de septiembre de 1940 y 24 de septiembre de 1940-. Las peticiones apelaban continuamente a la amistad y el proyecto que les unía: «Perdone que le vuelva a dar a usted la lata, pero como mi amistad con V d. es tan notoria la gente me fríe vivo y no me deja en paz con peticiones» (Madrid, 21 de octubre 1940). Sainz Rodríguez también escribió con asiduidad a integrantes de tribunales de oposiciones (3 de junio de 1941; 30 de julio de 1941; 22 de agosto de 1941); o le pidió favores a Pemartín para satisfacer a amigos de Juan March (Madrid, 17 de octubre de 1941). Esas peticiones también las hizo con otros, como Manuel García Morente (3 de noviembre de 1941) o Lucio Gil Fagoaga respecto a oposiciones o exámenes de Estado (5 de febrero de 1941).51 También, desde su mesa se nombraron cargos del CSIC y una vez acabada la guerra y en plena reforma universitaria, conformó tribunales de oposiciones, dio garantías de los integrantes de los mismos, refrendó sus resultados e hizo de intermediario entre la «comunidad educativa», el ministro de Educación y el jefe del Estado.

Tanto la enseñanza secundaria como universitaria era concebida por los hombres de AE como un nivel educación solo accesible'\ las élites que deberían de ocupar puestos de mando y responsabilidad en el Régimen, por lo que el Bachillerato se pensaba corno lugar de selección de los futuros directores de la nueva sociedad. Lo cierto es que Pemartín personificaba como pocos miembros de la Comisión la continuidad del primorriverisrno con el nuevo Ministerio de Educación Nacional, así corno con la doctrina nacional-católica que él mismo ya había elaborado junto a Maeztu y Pemán en el seno de aquel. Desde su puesto abogó por una cuidadosa y concienzuda depuración, sin venganzas, pero sin flaquezas» (Claree, 2006, p. 66). No obstante, durante la etapa de Sainz Rodríguez se decretó la orden de 11 de marzo de 1938 (BOE, 19 de marzo) que admitía la posibilidad de presentación de recurso por parte de los imputados y se establecía la creación de una Oficina Técnico Administrativa para agilizar las resoluciones. Respecto a la universidad, el decreto de 18 de marzo de 1939 sustituía la Comisión para la"




-Fotografías 1 y 2:
-Fotografía 3:
-Fotografía 4:
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-Un artículo reciente publicado en Diario de Jerez sobre José Pemartín:
http://www.diariodejerez.es/opinion/analisis/Jose-Pemartin-filosofo-jerezano-XX_0_1248475162.html